¿Y desde cuándo fue que el café se volvió oro?

Aunque el color del café sea negro apenas es colado, de verdad que debería ser mas bien rojo por la cantidad de sufrimientos e injusticias que se viven en el mundo alrededor de este grano en donde son muy pocos los que realmente disfrutan del estilo gourmet.

Hace un buen tiempo atrás cuando todo era distinto, cuando el mundo estaba un poquito más atrasado pero más humano, viví mi infancia y parte de la adolescencia en un pequeño pueblo cerca de la ciudad de Medellín en Colombia. Allí rodeado de montañas conocí amigos y familias que vivían de cultivar y cosechar café.

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Nunca olvidaré los tiempos compartidos con la familia Bustamante ya fuera en un fin de semana o en tiempo de vacaciones cuando me iba con mi compañero de escuela, Martín, para su casa campesina ubicada en la vereda Encenillos en una de las montañas relativamente cercanas al pueblo.

Desde el camino todo olía fresco, natural. Por donde se pasaba se respiraba a café. Allí estaba la verdadera esencia del café como lo está aún en muchos lugares del mundo en donde los campesinos hacen grandes esfuerzos para derivar su sustento del cultivo de este grano. Allí el café todavía era y es café.

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Vi y aprendí el gran esfuerzo, dedicación y cuidado que hay que tener por una mata de café desde que es pequeña y lo susceptible que ésta es en la medida que va creciendo. Observé, disfruté, compartí cada uno de los pasos que hay que seguir con el café para poder uno llegar a comprarlo molido y después poderlo filtrar y finalmente tomarlo.

Conocí el significado de términos como despulpadora, frases como limpiar el patio para secar el café al sol. Vi todo lo que costaba el proceso desde la recolección hasta ir armando las pesadas cargas por las que después de montar en mula y bajar por barriales, pagaban casi nada y eso que a los cafeteros en esas épocas se les veía como a gente de dinero.

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Pero en fin, aunque el color del café sea negro apenas es colado, de verdad que debería ser mas bien rojo por la cantidad de sufrimientos e injusticias que se viven en el mundo alrededor de este grano en donde son muy pocos los que realmente disfrutan del estilo gourmet.

Por más que existen organismos mundiales que aparentemente se preocupan y regulan los precios de ese sector, los cultivadores siguen siendo los que menos ganan y simplemente se mantienen en una economía sostenible en la cual siguen produciendo para que otros sean los que se la ganen toda. Quizás es allí cuando el café se vuelve oro.

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Una vez el café es negociado a cantidades que dan risa en los diferentes países en donde se produce, pasa a manos de los tostadores internacionales, y no sé si serán las máquinas o qué, que de un momento a otro elevan su precio hasta tal punto que muchas veces pagamos por una simple taza de café lo que tranquilamente nos podría llegar a valer un almuerzo corriente.

Si usted vive en Estados Unidos o en Europa y le gusta mucho el café, es mejor que vaya usted solo a tomarlo a cualquier lugar. Es mejor no invitar a nadie y olvidarse de las tertulias, si usted no posee una gran fortuna disponible para pagar la cuenta antes de que se lo sirvan. Muchas veces con lo que se paga una invitación de un grupo de amigos a tomar café, con eso casi que se alcanzaría a comprar una carga entera para procesarla en cualquier país cafetero.

Y es que hay tantas paradojas que si uno reflexiona mucho viviría con un termo para todas partes con el cafecito que prepara en casa para no tener que pagar los dinerales que piden por una taza de café o alguna preparación especial.

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Los invito a que reflexionen y piensen cuánto se ganan ustedes por una hora de esfuerzo en su trabajo y cuánto pagan en un lugar público al momento de invitar a alguien a tomarse un cafecito. ¡Mucho!, estoy casi seguro que dirán algunos. Eso no es nada dirán otros. Pero hay una sola realidad: El proceso de globalización, no de internacionalización, está inflando todo y ¿qué pasa cuando las cosas se inflan mucho y van cediendo?

¿Y cómo fue que dejamos que el café se convirtiera en oro?

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